Buenos Aires, 29 de mayo de 1970. Tienen veintipocos años. Se presentan a plena luz del día disfrazados de militares en la casa de Pedro Eugenio Aramburu. Uno de ellos, Fernando Abal Medina, le dice: “General, usted viene con nosotros”.  Aramburu no ofrece resistencia: cree que, en el Día del Ejército, lo buscan sus camaradas.Tres días más tarde, en una quinta en Timote, provincia de Buenos Aires, esos jóvenes, constituidos en tribunal revolucionario, lo sentencian a muerte. Por el golpe de 1955 contra Juan Dom